Solo hay dos maneras de vivir tu vida. Una es como si nada fuera un milagro.

La otra es como si todo lo fuera (Albert Einstein)

«Mi jefe me dice lo que hago mal, pero si lo hago bien no me dice nada» ¿Nos suena esta frase? Seguramente sí. Con frecuencia damos por sentado que hacer bien las cosas es lo normal, lo que se debe hacer. Esto puede provocar que nuestros trabajadores se sientan poco valorados. Entonces, ¿por qué lo hacemos? Hay una creencia bastante extendida de que mostrar gratitud o amabilidad te puede hacer perder el respeto de los colaboradores o hacerte «parecer débil». Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La realidad es que la gratitud tiene importantes beneficios tanto para los trabajadores como para la organización en general.

¿Qué es la gratitud? ¿En qué puede ayudar a mi organización?

La gratitud, o el agradecimiento, es tanto una emoción como una virtud o fortaleza personal. La emoción se refiere al sentimiento de valoración por un bien que hemos recibido o una acción que alguien ha realizado por nosotros. La virtud está más ligada a la predisposición de ciertas personas a sentir y expresar dicha emoción.

Multitud de estudios que provienen de la Psicología Positiva demuestran el efecto de la gratitud para el bienestar físico, psicológico y social. Además de las ventajas a nivel personal, hay una serie de resultados positivos:

  1. Las personas agradecidas son más tienen hábitos más saludables. En diferentes investigaciones se ha constatado que las personas agradecidas experimentan menos molestias y dolores, tienen una mejor calidad de sueño y son más propensas a cuidar su salud (hacen más ejercicio, acuden con más frecuencia a chequeos médicos, fuman menos…)
  2. Mejora las relaciones, generando vínculos entre las personas y fortaleciendo los ya existentes. Se ha demostrado que la gratitud está vinculada con una mayor empatía y con la realización de conductas prosociales o cívicas. También se ha comprobado que las personas más agradecidas tienen una menor tendencia a la agresividad o a tener comportamientos que dañen emocionalmente a sus compañeros. Esto ocurre porque las personas se sienten apreciadas y seguras dentro del grupo, con lo que van a tener la confianza de abrirse y mostrarse a los demás.
  3. Aumenta la autoeficacia profesional de tus colaboradores. El reconocimiento de un trabajo bien hecho aumenta la autoestima y el autoconcepto laboral del trabajador, con lo que se sentirán más seguros para afrontar nuevos retos en su carrera profesional. Algunos estudios demuestra que, además, las personas más agradecidas tienden a compararse menos con los demás, lo que aumenta su satisfacción laboral.
  4. Incrementa la motivación y genera compromiso. La gratitud funciona como un refuerzo verbal, especialmente cuando vienen dados por una figura de autoridad, como un mentor o supervisor. El sentimiento de gratitud favorece la identificación del trabajador con los valores y la misión de la compañía, lo que reduce la pérdida de talentos.
  5. Favorece la calidad del servicio y la atención al cliente. Las emociones positivas se contagian y se transmiten. Si muestras agradecimiento a tus colaboradores, ellos la mostrarán a tus clientes. Las personas agradecidas son, además, más amables y educadas, hacen todo lo posible para que el cliente se sienta valorado, y eso va a repercutir en la imagen que tienen nuestros clientes sobre la empresa.

Gratitud: agradecer

¿Qué puedo hacer para instaurar una cultura de gratitud?

Al expresar nuestra gratitud nunca debemos olvidar que la mayor apreciación no es pronunciar las palabras,

sino vivir de acuerdo con ellas (John Kennedy)

Como muchos otros aspectos dentro de la gestión de los equipos, los cambios deben ser impulsados por el líder. Tener un buen modelo de conducta es fundamental para integrar una cultura de gratitud dentro de la organización. Muchas formaciones en liderazgo están empezando a desarrollar líderes con capacidad de gestión de emociones y es imprescindible incorporar también las emociones positivas.

Además de un buen modelo, hay otro aspecto clave: la comunicación. No siempre es necesario decir «gracias», en ocasiones los pequeños gestos y detalles pueden conseguir mucho más. Pero es necesario aprender a detectar el momento, la forma y la persona adecuada.

Para mejorar la gratitud hay que re-aprender a valorar y disfrutar de las pequeñas cosas, por eso los ejercicios de saboreo y mindfulness son una práctica interesante. El mindfulness nos permite estar conscientes en el momento presente, y el saboreo implica apreciar y deleitarse en los aspectos positivos de la experiencia.