La vuelta a la normalidad, o la «nueva normalidad», está a la vuelta de la esquina y muchos ya empiezan a preguntarse ¿cómo será esa nueva normalidad? La respuesta no es sencilla, y mucho menos sencillo es el hecho de cómo van a afontar las personas y las organizaciones esa nueva normalidad.

Vamos a ver tres pilares para un afrontamiento efectivo y saludable de esta nueva situación, tanto a nivel personal, como a nivel empresarial.

1. La vuelta a la normalidad y el afrontamiento al estrés

La situación de confinamiento y el estado de alarma no dejan de ser sucesos estresantes para la vida de millones de personas, pero especialmente, para aquellos profesionales que han estado «en la primera línea de defensa» del CoVid19. Estas personas se han visto inmersas en una situación donde las demandas externas habían crecido exponencialmente y no disponían de recursos suficientes para hacerles frente.

 

Según el investigador Hans Selye, estas personas, mientras continuarán estas nuevas demandas, se encontrarían en un estado de resistencia, donde se esforzarían por hacer frente a esos «nuevos estresores».

Vuelta a la normalidad: sindrome general de adaptación al estrés

Fuente: NTP 355. Fisiología del estrés

Entonces, ¿qué ocurre cuando el estresor desaparece o se reduce? Pasamos a la fase de agotamiento

Una superado el estado de alarma, es probable que muchos de estos profesionales experimenten un fuerte cansancio, fuertes sentimientos negativos, estados cercanos a la depresión… porque durante el estado de resistencia han tenido que aportar muchos más recursos de los que disponían

¿Qué podemos hacer para superar esta fase de agotamiento?

afrontamiento del estrés

Algunas técnicas que pueden servir para la recuperación de estos profesionales son, principalmente, aquellas relacionadas con el desahogo emocional o de gestión del estrés. También son adecuadas las técnicas de relajación que favorezcan la recuperación fisiológica de las personas.

Por último, también podemos utilizar técnicas de Psicología Positiva, como las relacionadas con la gratitud, como forma de reconocer el esfuerzo de dichos profesionales.

2. Tolerancia a la incertidumbre, esencial para la «nueva normalidad»

Otra de las características básicas de esta «nueva normalidad» es la incertidumbre que está asociada a ella. Obviamente, convivimos con la incertidumbre todos los días de nuestra vida, pero nos movemos siempre dentro de unos rangos que más o menos aceptamos (por nuestra cotidianeidad, nuestras rutinas, nuestros hábitos…). Estos rangos de certezas nos genera unas creencias, algo ilusorias, de control de nuestro entorno.

Sin embargo, la situación que hemos vivido ha roto nuestra percepción de «control» de nuestro entorno, haciendo que nos enfrentemos con la realidad de la incertidumbre.

Muchas personas quieren cosas que podrán hacer, cuándo podrán hacerlas, cómo evolucionará la situación… y la verdad es que no podemos saberlo. Estas certezas se irán generando conforme la sociedad poco a poco vuelva a «funcionar». 

tolerancia a la incertidumbre

¿Qué podemos hacer para gestionar esta incertidumbre?

nueva normalidad

Si los problemas tienen solución, ¿de qué te preocupas?

Y, si no la tienen, ¿por qué sigues preocupándote?

Confucio

Como decía Confucio, una de las claves para aprender a tolerar la incertidumbre es preguntarnos si podemos hacer algo al respecto, y dejar de generar ansiedad por cosas que no podemos controlar.  Otra de las pautas para gestionar mejor la incertidumbre es estar bien informadosprepararnos para aquello que nos preocupa, de esta forma, incrementamos nuestra percepción de control. 

Otra de las fórmulas es tratar de ver los acontecimientos con perspectiva. ¿Es realmente algo tan importante? ¿Me seguirá pareciendo importante en 3 semanas? ¿Y en  3 años? Y, finalmente, aceptar aquello que no podemos cambiar. De nada sirve generar resistencias y emplear energía en negar algo inevitable. 

3. Perder el miedo al contagio: responsabilidad vs. hipocondría

vuelta a la normalidad

Evidentemente, hay que actuar con responsabilidad y seguir con ciertas medidas para evitar los contagios. Sin embargo, muchas personas pueden sobrepasar el límite de lo que consideramos responsable y pasar claramente a extremos que no son saludables ni adaptativos.

Pero, ¿cómo diferenciamos una conducta responsable de lo que es hipocondría?

Hay dos criterios que se utilizan para diferenciar una situación normal de un posible trastorno:

1.El entorno. Utilizar una mascarilla es algo común, pero no un traje de buzo. Con esto nos referimos a que nos tenemos que fijar en qué hace nuestro entorno, y si algo es habitual o, si por el contrario, es excesivo. Para ello, es recomendable seguir con las indicaciones que ofrecen los organismos oficiales o de reconocido prestigio.

2. Que no genere malestar. Es decir, que si una conducta nos produce más perjuicio que beneficio lo razonable es abandonarla. Está bien lavarse las manos frecuentemente, pero tampoco podemos sacarnos la piel por limpiarnos con lejía.

En el siguiente vídeo, el psicólogo Alberto Soler nos da otros consejos para gestionar el miedo al contagio:

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